CRÓNICAS DELTA
Si alguna vez subiste corriendo las escaleras del Delta Uno a las tres de la tarde de un nublado sabatino con sólo cincuenta pesos en los bolsillos y tuviste que volverte a pie a tu casa.
Si te preguntas dónde estarán hoy las máquinas de Eight Ball Deluxe, Golden Arrow y Big Game.
Si alguna vez aprovechaste un descuido del reparador de flippers y desconectaste el tilt de tu juego favorito o marcaste 10 créditos.
Si alguna vez jugaste de a dos una ficha, dos bolas para cada uno y la quinta con una paleta cada uno.
Si alguna vez compraste un “magiclick” y lo aplicaste en la parte metálica del joystick para hacer créditos, y cortaste la luz.
Si eras derecho y tenías que usar las manos cambiadas en Arkanoid.
Si compraste en Panamtur un ventilador de los de las abuelitas en misa y lo usaste para correr más rápido en Hyper Olimpics.
Si todavía crees que el más grande corredor no es Michael Johnson, sino USA.
Si alguna vez trataste de hacer un agujero en una ficha para ponerle un cordel y marcar más juegos.
Si recuerdas que las fichas de videos se parecían a las de teléfonos.
Si estuviste alguna vez en EE.UU. y usaste monedas de 1 peso como quarters en Space Invaders.
Si para ti resulta más evocativo el olor que había en los Delta que el olor a madera húmeda.
Si cierras a veces los ojos y te recuerdas entrando a un local oscuro donde sólo había luces en unos gabinetes con pantallas en blanco y negro, de las manos de tus papás, y tu primer juego fue Gun Fight, Night Driver o Crash.
Si todavía sabes que el camino más fácil en Super Speed Racer es tras la Ambulancia y por el puente derecho.
Si alguna vez apagaste un video de una patada.
Si alguna vez tuviste que estar horas reclamando por tu ficha perdida debido a un ochentero apagón.
Si alguna vez te tocaron la espalda para decirte “lo siento pero tenemos que cerrar” justo cuando te acercabas a tu récord.
Si jugaste a dispararle a los platillos en una máquina que ocupaba la mitad del espacio del Delta 3.
Si alguna vez compraste 20 fichas por docientos pesos (una fortuna) en algún local de videos de un balneario perdido y luego saliste apretando cachete, porque en Santiago costaban el doble.
Si alguna vez miraste con una mirada fulminante al pergenio que te decía pedantemente “te lo paso” o “dame una vida”.
Si alguna vez pediste que te dieran una vida.
Si te cargaba que las versiones de los juegos en el Atari 2600 fueran tan re pencas, pero Atari, Walkman y Star Wars son las palabras que más asocias a tu niñez.
Si el momento en el que te sentiste más feliz en tu vida fue cuando viste por primera vez que algo en la pantalla de una TV se movía porque tú lo estabas haciendo (la paleta blanca de tu lado del Pong).
Si inflaste dragones en el Dig Dug, lograste poner la nave chica sobre la mediana en Moon Cresta, mataste tres pajaritos de una y sacaste 200.000 puntos en Phoenix o lograste saltar a los caníbales de Jungle King.
Si todavía sabes de memoria como se logra el máximo poder en Bubble Bobble con la combinación de botones de la pantalla de inicio.
Si tuviste que ir a lugares desconocidos de Santiago para encontrar a alguien que reparara tu joystick del Atari.
Si sabes que el primer juego fabricado en Chile fue el Golf.
Si te cargaba que un jugador impaciente echara su ficha en tu juego mientras tú estabas jugando.
Si tu serial favorita era Pandilla Computarizada y alguna vez has hecho el cálculo de cuanto más poderoso es un PC actual que un Sinclair Spectrum.
Si todavía tienes grabado Pac-Man Fever de Buckner y García (o fue lo primero que bajaste de Napster).
Si las páginas Web con ROMS de MAME están guardadas en tus favoritos.
Si alguna vez diste vuelta el Vulgus o Kung Fu Master o llegaste a la pantalla final de Galaga y fuiste ovacionado por los otros jugadores.
Si te acuerdas de cuando los Breakouts eran monocolores y les ponían unas micas a la pantalla para que fueran más atractivos.
Si fumabas a escondidas del guardia de azul mientras le tocaba el turno a tu amigo en Moon Patrol.
Si aprendiste a manejar usando tus conocimientos de Rally-X e Indi 500.
Si ibas por la calle imaginando que le disparbas a la gente que se te cruzaba.
Si estuviste en el Delta 8 en para el terremoto del 85’ cuando todos los flippers hicieron tilt al mismo tiempo, mientras sonaba en la radio Concierto The Reflex.
Si todavía llamas a los locales de juegos de video “Flippers”.
Si sabes lo que es irse rana, pasar de pantalla, dar vuelta un juego, llegar a un Challenger Stage, jugar un player, comerse la fruta del centro y sacar el secreto.
Si usaste la frase “valís callampa” en su contexto original (las callampas valían 100 puntos en casi todos los flippers).
Si trataste de quedarte junto a la puerta que tenía sólo un ascensor al lado en Elevator para hacer más puntos y salió un hombre de negro que se puso de guata y te mató.
Si descubriste que el muro de Berlín caería porque había un juego que se llamaba Tetris y era ruso.
Si todavía tiendes a firmar sólo con tres letras.
Si a pesar de la casi total ausencia de gráfica aún te parece espacial y chirimpoya el formato de Asteroids, Star Wars, Qix o Tempest.
Si crees con certeza que los juegos más avanzados de su época fueron Defender y Joust de Williams.
Si ayudaste a Mario en Donkey Kong y estuviste en su contra en Donkey Kong Jr, para volver a ayudarlo en Mario Bros.
Si dejaste de ir por tres meses a los locales de video porque tenías que resolver de una vez por todas un maldito cubo de colores.
Si comiste Peta Zetas mientras atravesabas los EE.UU. en Traverse USA, o el mundo en City Connection.
Si los nombres Gorf y Space Firebird te producen unas incomprensibles ganas de llorar. Y tus peores pesadillas siguen siendo Coco Savage y Mister Sandman.
Entonces... serás un hombre, hijo mío, un hombre de la primera generación de adictos a los videojuegos.
Si alguna vez subiste corriendo las escaleras del Delta Uno a las tres de la tarde de un nublado sabatino con sólo cincuenta pesos en los bolsillos y tuviste que volverte a pie a tu casa.
Si te preguntas dónde estarán hoy las máquinas de Eight Ball Deluxe, Golden Arrow y Big Game.
Si alguna vez aprovechaste un descuido del reparador de flippers y desconectaste el tilt de tu juego favorito o marcaste 10 créditos.
Si alguna vez jugaste de a dos una ficha, dos bolas para cada uno y la quinta con una paleta cada uno.
Si alguna vez compraste un “magiclick” y lo aplicaste en la parte metálica del joystick para hacer créditos, y cortaste la luz.
Si eras derecho y tenías que usar las manos cambiadas en Arkanoid.
Si compraste en Panamtur un ventilador de los de las abuelitas en misa y lo usaste para correr más rápido en Hyper Olimpics.
Si todavía crees que el más grande corredor no es Michael Johnson, sino USA.
Si alguna vez trataste de hacer un agujero en una ficha para ponerle un cordel y marcar más juegos.
Si recuerdas que las fichas de videos se parecían a las de teléfonos.
Si estuviste alguna vez en EE.UU. y usaste monedas de 1 peso como quarters en Space Invaders.
Si para ti resulta más evocativo el olor que había en los Delta que el olor a madera húmeda.
Si cierras a veces los ojos y te recuerdas entrando a un local oscuro donde sólo había luces en unos gabinetes con pantallas en blanco y negro, de las manos de tus papás, y tu primer juego fue Gun Fight, Night Driver o Crash.
Si todavía sabes que el camino más fácil en Super Speed Racer es tras la Ambulancia y por el puente derecho.
Si alguna vez apagaste un video de una patada.
Si alguna vez tuviste que estar horas reclamando por tu ficha perdida debido a un ochentero apagón.
Si alguna vez te tocaron la espalda para decirte “lo siento pero tenemos que cerrar” justo cuando te acercabas a tu récord.
Si jugaste a dispararle a los platillos en una máquina que ocupaba la mitad del espacio del Delta 3.
Si alguna vez compraste 20 fichas por docientos pesos (una fortuna) en algún local de videos de un balneario perdido y luego saliste apretando cachete, porque en Santiago costaban el doble.
Si alguna vez miraste con una mirada fulminante al pergenio que te decía pedantemente “te lo paso” o “dame una vida”.
Si alguna vez pediste que te dieran una vida.
Si te cargaba que las versiones de los juegos en el Atari 2600 fueran tan re pencas, pero Atari, Walkman y Star Wars son las palabras que más asocias a tu niñez.
Si el momento en el que te sentiste más feliz en tu vida fue cuando viste por primera vez que algo en la pantalla de una TV se movía porque tú lo estabas haciendo (la paleta blanca de tu lado del Pong).
Si inflaste dragones en el Dig Dug, lograste poner la nave chica sobre la mediana en Moon Cresta, mataste tres pajaritos de una y sacaste 200.000 puntos en Phoenix o lograste saltar a los caníbales de Jungle King.
Si todavía sabes de memoria como se logra el máximo poder en Bubble Bobble con la combinación de botones de la pantalla de inicio.
Si tuviste que ir a lugares desconocidos de Santiago para encontrar a alguien que reparara tu joystick del Atari.
Si sabes que el primer juego fabricado en Chile fue el Golf.
Si te cargaba que un jugador impaciente echara su ficha en tu juego mientras tú estabas jugando.
Si tu serial favorita era Pandilla Computarizada y alguna vez has hecho el cálculo de cuanto más poderoso es un PC actual que un Sinclair Spectrum.
Si todavía tienes grabado Pac-Man Fever de Buckner y García (o fue lo primero que bajaste de Napster).
Si las páginas Web con ROMS de MAME están guardadas en tus favoritos.
Si alguna vez diste vuelta el Vulgus o Kung Fu Master o llegaste a la pantalla final de Galaga y fuiste ovacionado por los otros jugadores.
Si te acuerdas de cuando los Breakouts eran monocolores y les ponían unas micas a la pantalla para que fueran más atractivos.
Si fumabas a escondidas del guardia de azul mientras le tocaba el turno a tu amigo en Moon Patrol.
Si aprendiste a manejar usando tus conocimientos de Rally-X e Indi 500.
Si ibas por la calle imaginando que le disparbas a la gente que se te cruzaba.
Si estuviste en el Delta 8 en para el terremoto del 85’ cuando todos los flippers hicieron tilt al mismo tiempo, mientras sonaba en la radio Concierto The Reflex.
Si todavía llamas a los locales de juegos de video “Flippers”.
Si sabes lo que es irse rana, pasar de pantalla, dar vuelta un juego, llegar a un Challenger Stage, jugar un player, comerse la fruta del centro y sacar el secreto.
Si usaste la frase “valís callampa” en su contexto original (las callampas valían 100 puntos en casi todos los flippers).
Si trataste de quedarte junto a la puerta que tenía sólo un ascensor al lado en Elevator para hacer más puntos y salió un hombre de negro que se puso de guata y te mató.
Si descubriste que el muro de Berlín caería porque había un juego que se llamaba Tetris y era ruso.
Si todavía tiendes a firmar sólo con tres letras.
Si a pesar de la casi total ausencia de gráfica aún te parece espacial y chirimpoya el formato de Asteroids, Star Wars, Qix o Tempest.
Si crees con certeza que los juegos más avanzados de su época fueron Defender y Joust de Williams.
Si ayudaste a Mario en Donkey Kong y estuviste en su contra en Donkey Kong Jr, para volver a ayudarlo en Mario Bros.
Si dejaste de ir por tres meses a los locales de video porque tenías que resolver de una vez por todas un maldito cubo de colores.
Si comiste Peta Zetas mientras atravesabas los EE.UU. en Traverse USA, o el mundo en City Connection.
Si los nombres Gorf y Space Firebird te producen unas incomprensibles ganas de llorar. Y tus peores pesadillas siguen siendo Coco Savage y Mister Sandman.
Entonces... serás un hombre, hijo mío, un hombre de la primera generación de adictos a los videojuegos.
